viernes, 27 de marzo de 2009

Santísimo Cristo de Las Siete Palabras


El Polifacético artista local Marcelo Gómez Carmona (1725-1791) es autor del enorme “Crucificado”, encargado por el coronel Massieu y Salgado -patrono del oratorio de la desaparecida Ermita del Cristo de La Caída- para la ceremonia del “Sermón de las Siete Palabras” o también llamada “de las tres horas” en la tarde del Viernes Santo. Así se cita en el segundo proceso inquisitorial que el escultor sufrió por haber blasfemado contra la imagen del Señor en 1783, llevado por la ira producida por las adversidades que presentaba su talla (el primero fue en 1755).

El imaginero palmero también fue médico y pintor, emigrado a Venezuela y llegando también a ser cirujano en Caracas y corregidor, juez de comisos y teniente de Justicia Mayor. Más tarde regresó a la capital palmera como médico-jefe del Hospital de Dolores.

Esta obra suya se trata de una imagen tallada y policromada de 2,20 mts de alto, con características neoclásicas mezcladas con rasgos barrocos, en una postura forzada, pero a la vez de gran expresión, realizada en 1781.

El sermón siempre se leía desde el púlpito a la luz mortecina de una vela, con el templo completamente a oscuras, y otra a los pies del Cristo en el desmantelado altar mayor, ofreciendo un aspecto impresionante y sobrecogedor. En la meditación de la séptima palabra todos los fieles se arrodillaban al mismo tiempo que en el coro se oía por espacio de unos momentos un fuerte estrépito de carracas en símbolo de aquel momento trascendental de la muerte de Jesucristo.

La escultura fue rescatada de las llamas una noche en la que un pavoroso incendio provocado por un rayo, en diciembre de 1827, estuvo a punto de quemarla junto con otras imágenes.

Existe una anécdota acerca de este incidente. Según se cuenta, ante la imposibilidad inicial de rescatar la talla del Cristo, alguien encendió dos velitas para que protegiera la imagen de las llamas, con el asombro de los presentes al observar que tras extinguirse el incendio se habían quemado las esculturas de San Dimas (el Buen Ladrón) y de Gestas (el Mal Ladrón) que formaban conjunto con la del Señor, quedando la figura del Redentor prácticamente intacta.

Después de este trágico suceso, la imagen fue trasladada, en la Semana Santa de 1847, a El Salvador y el resto de las salvadas se repartieron entre las iglesias de la ciudad. Así consta en el Inventario de 1851, como donación del heredero de la ermita mencionada, D. Felipe Massieu. La efigie estuvo muchísimos años retirada del culto, guardada al lado de la pila bautismal, hasta que en 1956 fue puesto en el lugar en el que actualmente se venera, entre el espléndido cancel de la entrada principal y el retablo del Sagrado Corazón, en la nave de la Epístola.

La obra refleja características neoclásicas, pero, aunque bien resuelta, manifiesta cierta dureza en el cuerpo de Cristo y en el tratamiento del perizoma o paño de pureza que la privan de naturalidad. Algunos estudiosos, como es el caso de Darias Padrón, la han calificado de “obra discreta, pero que no puede compararse con la escultura peninsular del momento”. El propio autor, durante sus viajes y trabajos realizados en Gran Canaria y en Venezuela, llegó a manifestar que poseía numerosos libros con los que confesó haber aprendido la pintura, la arquitectura y la escultura “por autores correspondientes a dichas ciencias”.

En palabras del periodista, investigador y maestro Luis Ortega Abraham: “Aportación reciente a la Semana Santa, el Crucificado de Gómez Carmona se ganó su condición de pregonero de dolores y su alisada anatomía, en contraste con su rictus desolado, incorporó un icono singular al magno repertorio cristológico de la ciudad afable y memoriona”.

Este Crucificado desfila procesionalmente con unas descomunales y pesadas andas de madera llenas de fanales con velas encendidas. Acompaña a la procesión la “Cofradía de cargadores de Cristo Preso y las Lágrimas de San Pedro”. En la edición de 2009, ésta sale el día 27 de marzo, viernes, a modo de pregón de Cuaresma; una procesión solemne donde impera un ambiente de recogimiento tan sólo roto por el tronar de los tambores. Ha habido años en los que no ha salido en estas andas y también ha habido procesiones en las que no le ha acompañado ninguna banda de música. 

La talla nuevamente desfila en el Vía Crucis “desde la soledad y el silencio” de la mañana del Viernes Santo pero, no sobre sus andas, sino que es transportado a mano por varios miembros de las distintas cofradías de la Parroquia de El Salvador, idea que fue concebida por la Cofradía del Santo Sepulcro. Participa ésta junto con la mencionada de “Cristo Preso y las Lágrimas de San Pedro”, al igual que la del “Santo Encuentro”, la de “Nuestra Señora de la Esperanza” y la de los “Siete Dolores”. Esta procesión ha variado la hora de su salida. Actualmente tiene lugar a las siete, pero en algunas ocasiones ha llegado a salir a las cuatro y media o cinco de la mañana.


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José G. Rodríguez Escudero
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Regla de 3 vs Golf

A pesar de lo que nos quieren hacer creer algunos, los campos de golf no van a traer nada bueno a la Isla, ni a corto, ni a largo plazo. Utilizando el razonamiento lógico-matemático, concretamente la regla de tres simple, podremos entender que es mucho más lo que vamos a perder, que lo que vamos a ganar. 



Veamos los siguientes ejemplos:

Un campo de golf de 18 hoyos, como los que se pretenden construir en La Palma, ocuparían 50 hectáreas. Con su respectiva urbanización y/o hotel se puede llegar a las 300 ha, equivalentes a 300 campos de fútbol. Nuestros gobernantes insulares pretenden construir 4 ó 5 campos de golf, lo que equivaldrá a una superficie total de 1200 a 1500 ha (o campos de fútbol). No está mal para una isla menor, sobretodo teniendo en cuenta, que dichos campos de golf destruirán suelo de alto valor agrícola y natural (Paisaje Protegido de Tamanca y otros espacios naturales protegidos, como los de La Pavona, Fuencaliente, Barlovento y Puntagorda).

Un campo de golf de 18 hoyos consume tanta agua como una población de 10 mil habitantes. Los 4 a 5 campos de golf proyectados consumirían tanto como una población de 40 a 50 mil personas, cerca de la mitad de la población de La Palma. La idea de regar los campos de golf con agua depurada de las poblaciones cercanas no es viable, porque simplemente no se genera tanta cantidad de agua residual o se encuentra muy alejada de dichos campos de golf. Además, hay que tener en cuenta que en estos complejos turístico-residenciales se consume de cuatro a seis veces más agua que en una casa tradicional. El gasto medio de una vivienda es de 9 metros cúbicos por abonado y mes y en una urbanización con campo de golf con viviendas con jardín se llega a 55.

En relación a la creación de empleo, principal argumento manipulador de la clase político- empresarial, y más en estos tiempos de “crisis” (por cierto, no para ellos), los datos también son reveladores. Un campo de golf de 18 hoyos daría trabajo aproximadamente a 40 personas, entre profesores de golf, agentes de seguridad, administrativos, jardineros, hostelería, etc... Por lo tanto, 4 a 5 campos de golf darían trabajo de 160 a 200 personas. Los pocos buenos puestos de trabajo serían para los que están bien cualificados : profesores, administrativos, pero para la mayoría de los que buscan un empleo, sólo les quedaría los puestos para hacer camas, servir mesas y regar plantas, que aunque son trabajos totalmente respetables y necesarios, probablemente tendrán unas condiciones laborales y salariales no tan respetables...

De la reglas de 3 anteriores se deduce que, habría que destruir de 1200 a 1500 ha de territorio de gran valor agrícola y/o natural (principal recurso y atractivo turístico de la Isla), y sobreexplotar los recursos hídricos de La Palma, para crear, como mucho, 200 puestos de trabajo. ¿Merece la pena tanto sacrificio para tan poco beneficio ¿Acaso no hay alternativas más viables y sostenibles para generar riqueza? ( SÍ QUE LAS HAY, pero NO las quieren ver). Por cierto, si quisiésemos solucionar TODO el paro en La Palma, cerca de 9 mil personas sin trabajo, a través de los puestos de trabajo que ofrecerían los campos de golf, al aplicar de nuevo la regla de tres simple, llegaríamos al siguiente resultado: ¡Se necesitarían 225 campos de golf, que ocuparían cerca del equivalente a 67500 campos de fútbol (casi la superficie de toda La Palma) y se gastaría tanta agua como una ciudad de más de 2 millones de habitantes!...

Aunque todos estos datos parecen hipotéticos y exagerados, nos deben hacer reflexionar, para poder aplicar, de forma responsable, el principio de precaución ante proyectos que “parecen la solución a los problemas de la crisis”, pero que en realidad traerán más perjuicios a la Isla y al conjunto de su población, que ventajas, que sólo disfrutarían unos pocos interesados.

Por último, no hay que olvidar una regla de tres relacionada con los pelotazos urbanísticos: si la oposición popular, amparada por la justicia, evitó la construcción de campos de golf en Torrenueva (Ciudad Real), Tres Cantos (Madrid), La ciudad del golf (Castilla y León) y otros más, a la vez que se van destapando, cada vez más casos de prevaricación y corrupción en los ayuntamientos de toda la geografía nacional, ESTO TAMBIÉN PUEDE OCURRIR AQUÍ. Nos ampara la LEY. ¡Ojito con lo que se hace, que no vamos a permitir que nadie nos pisotee nuestros derechos!

Elvira Sánchez
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