viernes, 28 de agosto de 2009

Ermita de Nuestra Señora del Socorro su relación histórica con Breña Alta y Breña Baja

Esta ermita -dedicada a la Virgen María bajo la advocación de “Nuestra Señora del Socorro” o “de Los Reyes”- fue fundada por Pedro Fernández Camillón y su esposa, Ana Hernández, entre 1615 y 1621, con licencia obtenida del Obispo de la Diócesis, Antonio Corrionero. Desde esta primera fundación, fue objeto de la devoción del pueblo, expresado a través de numerosas donaciones. La fábrica se realizó en una hacienda de viña y malvasía que poseía junto al barranco de Aguacencio. El motivo de ponerla bajo esta advocación mariana fue “por el voto y promessa que en cierto peligro de mi vida que me vi en un biaje que Dios fue servido librarme hice de erigir una ermita yglesia a deuocion de nuestra señora del socorro en esta ysla”.



Construida la ermita, Pedro Fernández Camillón solicitó en 1627 licencia para poder celebrar misa en ella, en atención a la utilidad que recibían los vecinos del lugar, distantes de la cabeza del curato, la iglesia de San Pedro de Buenavista, “porque la una de la otra estan distantes muy gran trecho y la dicha ermita muy sercana al comun de los besinos y sabe que de aberse echo la dicha ermyta en la parte y lugar donde esta es muy útil y probechosa y a nadie daña y de conserbarse se seguira mucha onrra y gloria a dios nuestro señor y questa fuera de peligro de barranco y arrimaditos y otras cosas que le pudieren dañar... y sabe que de aberse echo ally no tyene inconveniente nynguno para que se dexe de dar lysensia para decir mysa antes la tyene por muy útil y necesaria para los dichos besinos del dicho termyno como para los camynantes que por el pasan...” Así consta en el Archivo de Protocolos Notariales de la capital palmera (escribanía de Juan de Alarcón).

Lorenzo Rodríguez, en sus “Efemérides de la Isla de La Palma” (Noticias...) nos dice que “una fuerte avenida del barranco del Socorro se lleva la antigua ermita de este nombre y el primer castillo del fuerte de Bajamar (1649)”. Se entiende entonces que hubo dos edificaciones de la ermita en la zona de Breña Alta.

La primera representación de la advocación titular fue un cuadro, como atestigua un inventario fechado el 26 de junio de 1650 durante la visita efectuada por Pedro de Escobar Pereyra. Allí consta “un quadro de nuestra señora del socorro”.

Así, la segunda ermita se había fabricado en 1695 en la parte norte junto al cauce del barranco de Aguacencio en la jurisdicción de Breña Alta, “en terreno propio e inmediata a las casas de su habitación, la cual se bendijo en 13 de febrero de dicho año por el Dr. Don Pedro de Guisla Corona, venerable vicacio de esta isla”. El alcalde constitucional de la capital palmera y cronista de la época, Lorenzo Rodríguez, tomó estos datos del libro de la ermita, informando de que “las que resultan del libro de visitas de San Pedro están equivocadas, porque confunden la primera edificación con la segunda”.

En 1695 y en 1700 fue tan grande el temporal y tan fuertes las lluvias, que el cauce del barranco se desbordó y causó muchos deterioros a la pequeña iglesia y “la colocó en inminente peligro”. Fue entonces cuando se debió de sustituir aquella representación pictórica por una de talla.

La preciosa imagen de la Virgen del Socorro fue llevada procesionalmente a la parroquia de San Pedro de Breña Alta, donde fue custodiada con gran cariño y fervor por los fieles. Ante esta situación, los vecinos de este municipio instruyeron expediente ante el vicario insular, aconsejando sobre la conveniencia del traslado de la ermita a otro terreno más seguro. La autoridad eclesiástica autorizó la nueva construcción, que fue finalizada en 1706. El solar fue cedido por Manuel Pérez Corral, en la jurisdicción de Breña Baja. “Se cercó desde luego de paredes, por la misma causa, y en este recinto no sólo funciona el señor cura de Breña Alta, sino que siempre hemos visto presidir con bastón al alcalde de dicho pueblo en la procesión el día de la festividad del Socorro”.

El 29 de abril de 1778 la autoridad eclesiástica concedió permiso para que los vecinos de Breña Baja, “que lo solicitaban con empeño”, llevasen en rogativas a la Virgen del Socorro a la Parroquia de San José, “y conservarla allí todo el tiempo que conviniese por la falta de lluvias que se experimentaba”. El párroco y síndico de San Pedro de Breña Alta, al enterarse, se opuso tajantemente a la procesión, haciendo ver que la ermita pertenecía a su jurisdicción y por lo tanto, la autoridad residía en su persona. Los obstinados vecinos nuevamente le pidieron que fuera él quien entregase a la Virgen al de San José “fuera de muros sin que éste ejerciese jurisdicción y lo mismo al recibirla”. Tras las duras negociaciones, se determinó hacer la rogativa el 2 de mayo. Sucedió que ese mismo día llovió tan copiosamente que “terminó este litigio en que se empeñaban con acaloramiento ambas partes”. El mismo cronista aseguraba que el expediente de este curioso acontecimiento se custodiaba en el “archivo grande de la parroquia del Salvador”.

Según la resolución que se guarda en el archivo de la parroquia de Breña Alta y está transcrita en el libro de la ermita, se volvió a reclamar la propiedad de esta iglesia por parte de los curas de Breña Baja. Finalmente el Vicario Capitular de la Diócesis, en auto de 12 de diciembre de 1886, “resolvió y declaró corresponder a la jurisdicción eclesiástica de Breña Alta, a la que siempre había pertenecido”.

En definitiva, y por este motivo mencionado, presenta esta pequeña iglesia una curiosa peculiaridad que la diferencia de otros recintos sacros erigidos en el territorio insular. La actual fábrica se encuentra ubicada en terrenos de Breña Baja, pero administrativamente, el solar comprendido dentro de sus murallas pertenece a Breña Alta. Es por ello que en la solemne festividad de la Virgen, en la tarde-noche del lunes, el Día Grande, ambas corporaciones municipales son invitadas a participar. De hecho, una placa en la plaza de la ermita, fechada el 24 de agosto de 2001, recuerda que es la Virgen del Socorro el símbolo de unión entre ambas Breñas. El Excmo. Cabildo Insular de La Palma y los Ayuntamientos de Breña Baja y Breña Alta, restauraron el histórico recinto y la plaza conjuntamente.

La majestuosa talla de la Virgen es una escultura en madera policromada de 99 cms., obra del célebre artista palmero Bernardo Manuel de Silva (1655-1721). Esta magnífica escultura, salida de la “mano del mejor pintor que tiene esta isla” –según constaba en un auto de la época-, al igual que otras tallas marianas del maestro, tiene una gran influencia de la imaginería flamenca. Los débitos flamencos, como nos informa el profesor Pérez Morera, “se manifiestan especialmente en el tipo de rostro, que presenta como característica común dulce expresión ensimismada y abstraída, mente amplia y abombada, ojos semiabiertos, pintados al temple, cejas finas y curvas, labios pequeños, barbilla prominente y redondeada y cabello partido en raya a la mitad, que cae en suaves ondulaciones”.

Pérez Morera indica que “la belleza que irradia la majestuosidad icónica de la pieza, manifiesta el elevado nivel alcanzado por los escultores palmeros”. La autoridad eclesiástica tampoco quedó al margen de estas alabanzas a la talla. Así, su acabado llamó la atención del primer obispo de Tenerife, Luis Flojeras Sión. Prueba de ello fue lo que consta en el Libro de Visitas, en 1831: “En esta Iglesia hay una imagen de nuestra Señora con una disciplina en la mano en ademan de azotar al Diablo que tiene a los piez; se encargo al Señor Visitador que indagara el origen de esta singularidad”.

A este tipo iconográfico de la Virgen, de pie con el Niño Jesús en brazos, corresponden varias imágenes del artista, como la “Virgen del Rosario” (1690) de la Parroquia de San Andrés (en San Andrés y Sauces) y la “Virgen del Carmen” (1703) de la de Villa de Mazo. Son piezas que presentan idénticas características formales, “de ahí la supuesta filiación flamenca que se les ha querido dar”. La elegante y suave caída de los pliegues, el tipo de calzado y los motivos de los estofados apuntan su paternidad, al igual que el acabado posterior de la pieza –repetido en casi todas las esculturas por Bernardo Manuel de Silva-, con manto que cruza diagonalmente desde el hombro izquierdo hasta la altura de la cintura, cayendo por la espalda en pliegues paralelos y rectos. Pérez Morera también compara la imagen del Niño, cuya cabeza se asemeja con la de la talla de “San José” de la parroquial de Los Llanos de Aridane.

Estrechamente emparentada con la mencionada “Virgen del Carmen” de Mazo, la del “Socorro” comparte el mismo tipo de expresión flamenca, “rostro oval, enmarcado por la caída ondulada del cabello, partido en dos, que desciende libremente por la espalda hasta más debajo de los hombros. Sin embargo, la posición hierática y frontal, así como el aspecto de tronco, que acusa la disposición vertical de los pliegues, confieren a la talla un aspecto más arcaizante y un volumen más concentrado”. El profesor palmero también profundiza en los motivos y la técnica que muestran los estofados de los vestidos, comparándolos con otras obras escultóricas de Bernardo de Silva, “a base de motivos florales compuestos de trifolias, gruesos roleos y orlas punteadas en oro”.

A sus pies aparecen dos figuras que representan el “bien” y el “mal”, encarnados por las figuras de un angelito y un diablo. El Maligno está representado por una terrible figura antropomorfa, alada y completamente negra. Aparece de pie con una cara de bestia demoníaca y grandes cuernos. Los afilados dientes blancos, sobre todo los caninos, sobresalen de una boca grande de fondo rojo. Realmente impone respeto. Nos recuerda a la figura del “Diablo de Tijarafe”. Se cuenta que hace unas décadas, allá por los años ochenta, uno “medio loco de San José”, no se sabe cómo, agarró la talla antigua de Satán y lo destrozó. Una vecina del barrio fue la que talló la que ahora está colocada a los pies de la Virgen.

Los vecinos cuentan que había unas piedras en el barranco con unos agujeros que atemorizaban a los niños del lugar ya que “creían que eran las huellas de las patas del Diablo”. Según contaba otra señora, el origen había que encontrarlo en una madre que, harta de las ruindades de un hijo, le gritó que “ojalá se lo llevara el Diablo”. Se cree que fue así, ya que el hijo desapareció. Después de la lógica amargura de esta terrible experiencia, la pobre mujer donó la figura original de Satanás y la colocó a los pies de la Virgen para que Ésta lo castigara, como recuerdo a su hijo y para penar por tal blasfemia.

El lunes siguiente al último domingo de agosto, los pureros de las Breñas celebran con fervor la onomástica anual de su patrona, Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. La bonita imagen es homenajeada con novenas y procesiones y diversos actos, entre los que se encuentran el tradicional “Baile de la Escoba”.

Los grandes fuegos artificiales iluminan a la Virgen durante su recorrido procesional, al igual que a las dos figuras, la del ángel vestido de blanco y la del diablo desnudo y negro que suben la mirada buscando la de Ella. Las representaciones del bien y del mal la acompañan en todo su itinerario procesional a ambos lados de la peana sobre el trono de madera. La imagen mariana se exorna con un cetro de plata en la mano derecha y es nimbada totalmente con una gran aureola dorada de finas ráfagas. Así será presentada ante los numerosos feligreses y visitantes durante toda la semana de novenas y procesiones en su honor.

Los espectaculares fuegos de artificio lanzan luces de colores y sombras sobre la Virgen y el ángel, y los hace más bellos si cabe, mientras que el diablo se nos presenta con un aspecto aún más sobrecogedor. Ante esta feroz visión, no es extraño oír a algún devoto rogar: “Virgen del Socorro, socórrenos y líbranos del mal”.

POEMA A LA VIRGEN
(se conserva enmarcado y colgado en un lateral del interior de la ermita)

“El SOCORRO de ayer, de hoy y de mañana
en la Ermita flamante y marinera.
La que guarda la Virgen que quisiera
darnos su mano de MADRE y SOBERANA.

Es su imagen la rica filigrana
que nos trae la Fe más verdadera.
El gentío la canta y la venera
y en sus labios el rezo se desgrana.

Tú lo sabes, SEÑORA. Te han traído
con la flor un recuerdo allá escondido
que es su ofrenda de gracia y de fervor.

Bajan y suben; ante Ti se entregan
porque conocen que al partir se llevan
el más dulce SOCORRO de tu amor.”

G. Galván de Las Casas
1966.


José G. Rodríguez Escudero

BIBLIOGRAFÍA

GALVÁN DE LAS CASAS, Gumersindo. Poema a la Virgen, [inédito], 1966
LORENZO RODRÍGUEZ, Juan Bautista: Noticias para la Historia de La Palma, La Laguna- Santa Cruz de La Palma, 1975 y 1997, t. I y II
PÉREZ MORERA, Jesús. Silva. Bernardo Manuel de Silva, Biblioteca de Artistas Canarios, Viceconsejería de Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias, Litografía Romero, Santa Cruz de Tenerife, 1994.
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